Palabras de nuestro capellán en la ofrenda floral a La Siervita de los municipios de El Sausal y La Laguna

Unas flores son muy sencillas… y otras más sofisticadas.

Algunas parecen tímidas… otras están a la defensiva.

Las hay solitarias… otras viven en comunidad.

Unas viven cerca de la tierra… otras suspendidas en los árboles…

O debajo de los árboles… o sobre el agua.

Algunas prefieren el confort del jardín… otras aprecian los vacíos del espacio.

Algunas son muy llamativas… otras tienen un aspecto extraño… incluso carnívoro…

Pero todas conviven pacíficamente en la naturaleza.

¿Por qué no aprendemos la lección nosotros, los habitantes de la tierra?

Esta puede ser la enseñanza de esta breve reflexión sobre las flores en general.

De entre tanta variedad de flores, esta orla está trenzada con gladiolos, crisantemos, liliums y gerberas, con una cenefa de ramos verdes, símbolo de la esperanza que llevamos en el corazón de ver pronto a la Siervita elevada al honor de los altares.

Cortar algunos gladiolos y situarlos delante de la Sierva, indica que estamos dispuestos a no permitir que solo lo material pueda con la semilla de lo sobrenatural que todos llevamos dentro, y que tan hermosos frutos dio en Sor María de Jesús.

Los entendidos, cuando hablan del enhiesto gladiolo, comentan que refleja a la cabeza dominando el corazón y los sentidos. Esta maravilla se produjo en la Siervita a impulsos de la gracia de Dios y la fuerza del Espíritu, catapultándola a lo más alto de la experiencia del misterio de Dios, clemente y misericordioso.

Ciertamente que en la época que nos toca vivir, se dice que no hay que ser sentimentalistas, que hay que huir de todo aquello que denote debilidad en el carácter o en el corazón.

¡Ojalá nosotros seamos de aquellos que piensan que el corazón tiene razones poderosas que jamás la mente podrá doblegar ni entender!

Al hacerle el obsequio de los gladiolos, Sor María de Jesús nos recuerda que ella también meditó, guardó y saboreó todo aquello que el Espíritu de Dios le inspiraba en lo más hondo de su corazón.

Los crisantemos simbolizan la bondad, la comprensión, la indulgencia, virtudes que practicó en sumo grado la Siervita y cuyo aroma ha trascendido, llegando hasta nuestros días.

Otra característica del crisantemo es la de mantenerse en pie, enhiesto, mostrándonos su dignidad, sin envanecerse.

¡Ojalá todos nosotros tengamos la habilidad de mantenernos en pie como lo hace esta flor, recordando siempre que nuestra grandeza no está en los valores transitorios, los de tejas abajo, como suele decirse, sino en los perennes y duraderos, los que ennoblecen la dignidad de nuestra condición de seres humanos e hijos de Dios!

Desde los tiempos del Rey Salomón el Lilium representa el canto a la pureza, al candor, a la belleza y a la majestuosidad.

Al ofrecérselos a la Sierva, reconocemos que ella es un modelo de referencia que nos invita a valorar y vivir los secretos que la hicieron grande y preferida de Dios, porque la mayor grandeza del ser humano es la santidad que lo hace lo más parecido a su Creador.

La Sierva nos invita con su ejemplo a luchar para que no se degrade nuestro ser por la contaminación que constantemente nos invade y debilita nuestras ganas de ser mejores.

¡Cuántas veces repetiría la Sierva de Dios con emoción contenida las palabras de la Virgen: “Engrandece mi alma al Señor”, sabedora de que Dios se enamora del corazón que sabe guardar la belleza inapreciable y la limpieza del corazón!

Hay varios significados de la margarita en general, incluyendo inocencia y pureza coincidiendo con el significado del Lilium. La margarita Gerbera -otra de las flores de la orla que se va a ofrecer- ha añadido el simbolismo de la alegría y la dicha debido a su gran cabeza en flor.

En fin, un año más hemos venido ante las reliquias de la Siervita para ofrecerle, en sintonía con los habitantes de El Sauzal y con los de La Laguna, por medio de los Sres. Alcaldes de sus respectivos Ayuntamientos, esta guirnalda de flores, que hemos cortado para ella, confiando en que, desde el cielo, puede escuchar nuestro ofrecimiento, diciéndole:

Son flores de amor, para decirte que te queremos.

Son flores de agradecimiento por cuanto has hecho y haces intercediendo ante Dios por nosotros.

Son flores de alegría, porque en ti se han manifestado de una manera singular la santidad y la bondad de Dios.

Son flores de compromiso, porque tú nos animas a ser mejores.

Son flores de esperanza, porque nos impulsas a cultivar los valores del espíritu.

Son flores de esfuerzo, porque queremos, siguiendo tu ejemplo, vivir cada día como verdaderos hijos de Dios,

María de Jesús, Sierva amada de Dios, intercede por nosotros y por todos, para que, con la gracia del Señor, podamos pasar por la tierra, haciendo el bien, como hiciste tú, y así poder alcanzar el gozo eterno en el hogar del cielo.

Vicente Cruz Gil

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